«Roma», de Lidia Rocha


Roma, de Lidia Rocha

Roma

Lidia Rocha

ilustraciones de

Ariel Muñoz

prólogo de

Fredy Yezzed






En principio me imaginé que iba a leer la construcción de Roma, quizá, después de un viaje o bajo la lupa del recuerdo de algún familiar. Dije Roma y me imaginé las fuentes ampulosas, la Capilla Sixtina con sus desnudos, los gladiadores, o los gatos sobre los tejados protestando, como nosotros, por culpa del calor o el olor a basura que nos invade. Pero vas a la bella metáfora de la ciudad-cuerpo, de la ciudad-amor, de la ciudad-deseo. Luego al adentrarme en tu libro me di cuenta que tú, él y todos nosotros somos Roma. Esta ciudad que le hubiese quedado muy bien calzada a Buenos Aires es una ciudad del erotismo: “Nupcial, lujosa, hecha de lluvia eléctrica. Tremenda”; del deseo: “su deseo extendido, esa promesa, que es más intensa porque no se dice”; de la lujuria: “Nos iremos a Roma, a cuando los amantes copulaban en las calles mugrientas, a los templos oscuros, a los cuerpos baratos”.
Hay en tu libro, como en toda ars amatoria, prohibición: “Cada uno a su vida. No la toques“; vivificante sexo:“Solo las bocas que buscan redimirse en la boca del sexo”; deseos oscuros e insatisfacción: “yo nadaba en el líquido amniótico de tantos cuerpos juntos”; lirismo e imágenes bellísimas: “un arco tendido era yo y recibía amor a manos llenas”; metamorfosis y mito griego: “fracasa en su intento de ser planta, liquen, de abrirse contra el muro donde sembraba siemprevivas”; desamor con sus tintes de cursilería:“así es como la magia del amor se termina, sin heridos, ni súplicas”; y desamor con sus pinceladas profundas: “Cansados de empujar este barco, rendidos ante la evidencia. Un fondo negro. Una escena sin gente”; violencia y despecho: “¿Quién le hablará sucio al oído mientras se entrega como a la muerte misma?”.
Preguntas al final del libro:“¿Habrías de este modo abandonado Roma para siempre?”, y me respondo solitariamente: “He vivido toda mi vida en Roma”.

Fredy Yezzed López Barón



(fragmentos)

Ariel Muñoz
 estos amantes se han ocultado uno al otro su corazón. Se dieron en cambio nubes de colores que se abrían en magnolia o dragón chino y caían lluvia de pólvora dispersa. Perdieron los temblores del alma por una música de cañerías en la noche sola. No sucedió, no sucede, no sucederá. Un amor de artificio, una guarida. Ni intimidad, ni alma trastocada por el goce. Todo por conservar impávida la imagen, el toque de los ojos, un roce de la piel, la fantasía
(…)
lo inalcanzable pagará su precio. Eclipse interminable. Que la tierra no la estrangule con sus capas de reina. Te odia, te ama. No te acerques. No morirá si permanece en esa primavera. No la atarás a tu ciclo de sangre, a la repetición, no harás un nido en su costado izquierdo. Será como el arco siempre tenso, recién disparado. O como la flecha que no tiene rumbo o que lastima, antes de estar dispuesta una cacería nueva. Te ama, te odia. Se irá al exilio hacia ninguna parte. Sólo la vibración desajustada de una melodía que habrá sido posible y no consuela

*
Ariel Muñoz
a ella (antes) le gustaba el peligro, o eso dicen. Estrellaba los viernes contra las ventanas. Y se comía la mañana del sábado. Ella (antes) era arriesgada, te hubiese hundido su taco en la garganta. Cortado tu aliento en julianas finitas. Desbocada, dominante. Y vos ahora, de esa miel un recuerdo. Las muñecas tajeadas por no oírla

ella canta sobre la parte alta. La pajarera abierta por lo bajo. Así capturan a los jilgueros sobre los alambrados. Ella se vuela. Te mira desde el trapecio de las hojas, se balancea sobre el mar de pampas. Rebelde contra la tarde que no hinca el pico. No te suelta. Tu corazón en la mira queda seco
(…)

*

Ariel Muñoz
por todas las manos que esa tarde, su noche y su mañana, me tocaron, podría jurarte ahora, (como quien hace a los dioses su rendición de cuentas) que, cuando yo nadaba en el líquido amniótico de tantos cuerpos juntos, en su perfume a sándalo gastado, en esa intermitencia del mirar y el deslizarse, no escuchaba los címbalos sino mi corazón, y mis dedos buscaban bajo una piel y otra el flujo de tu sangre

al resplandor de fuego de la orgía, las hebras enroscadas de unos cabellos negros sobre el óvalo, la pulpa de unos labios, la tentación dispersa y mis manos hundidas en un cuerpo que era copia del mío y que temblaba… en el humo dorado de los suspiros de los que Afrodita no se harta (nunca), un arco tendido era yo y recibía  amor a manos llenas, y esperaba tu toque y me iba muriendo convencida que al recibirte así lujuria y castidad eran exactas
 (...)


*     *     *      *      * 


Lidia Rocha
Lidia Rocha

nació en Trenque Lauquen (provincia de Buenos Aires), es profesora de literatura, diplomada en Ciencias del Lenguaje por el Instituto Joaquín V. González. Publicó Aves migratorias en 2006. Participó en los talleres literarios de Susana Szwarc, Enrique Blanchard y Félix de la Paollera. Formó parte del plan de lectura Leer es crecer de la Subsecretaría de Cultura de la Nación. Realizó el ciclo Poesía en el Living de Recoleta. Coordina, con Gerardo Curiá, el encuentro literario Literatura Viva, y colabora con Inés Manzano en la realización del ciclo de poesía Interiores- Poetas del país 

Una entrevista

1) Nuestras posturas como poetas, personas amantes del arte, son distintas, tenemos distintos puntos de partida, que sin embargo de alguna forma se encuentran, complementan. "la poesía es imprescindible, pero me gustaría saber para qué" nos preguntás a través de Cocteau. Pequeña frase que tiene el efecto de patear el tablero, sacudir los axiomas sobre los que se sostiene el arte y traer algo así como una bocanada de aire fresco... ¿es realmente indispensable el arte? ¿para quién? ¿para qué? Revisar la idea que plantea al arte, la poesía como algo inútil pero necesario.

Dafne: el arte es indispensable por varios motivos: uno porque deja plasmado una época. Es la forma más fiel que tiene el ser humano de plasmar una época determinada. Ej: el vaciamiento de la poesía de los '90.
Hace que el individuo que observa una determinada obra, contemporánea o no, tenga la posibilidad de viajar a través de la misma. Y en tercer lugar para el creador, yo lo pondría en último realmente, dándole la posibilidad de expresar lo que siente.

Leticia: piensa la respuesta, dice, tal vez desde un lugar más egoísta y limitado: el creador. Ciertamente no es indispensable para estar vivo, para la vida, y sin embargo, para ciertas personas la hace vivible. A veces no se entiende el mundo y es necesario inventarle un sentido. Como diría Heidegger, poéticamente habita el hombre en el mundo...
El artista habla hoy para ser escuchado, dialogado, quién sabe cuando. La más de las veces habla en el vacío sin otro eco que su esperanza.

2) Distintos factores nos impulsaron a desarrollar este proyecto editorial:
-ganar de vivir de lo que amamos y no tener jefes.
-deseo de publicar, ver publicado, tener el libro de autores que nos interesan y no tienen acceso al mercado editorial.
-revalorizar el trabajo del escritor.

Los pasos de nuestra tarea como editoras, son muchos. De hecho nos ocupamos de toda la cadena, desde la selección de los libros (tienen que seguir un criterio editorial, ser libros que nos guste leer, libros que nos gustaría tener en nuestra biblioteca), luego su edición y diseño, el cuidado del libro como objeto (utilizamos cartulinas con textura y relieve), los trámites en la cámara del libro, hasta su hechura física (impresión, compaginación y armado), armamos una pequeña imprenta en nuestro departamento y hacemos un trabajo prácticamente artesanal. E inclusive de su distribución y venta. Hasta algunos los escribimos nosotras mismas. Hacemos todo. Nos apasiona.

3) La verdad que no estamos preocupadas por la vida del libro. No creemos que el hombre deje de tener nunca la necesidad de expresarse. La palabra, el lenguaje es parte inherente suya, no va a dejar nunca de usarla y perderse en ella. El libro, en un sentido amplio, es su soporte. Fue cambiando a lo largo de la historia.
Lo amamos como objeto-papel, con peso y textura, olor; no somos las únicas, ni vamos a dejar de serlo. Por otro lado, el formato digital, el e-book, se está expandiendo y no lo descartamos como un medio paralelo. No creemos que se excluyan.

4) Actualmente la producción de poesía es riquísima, se están publicando muchos y hermosos libros. Hay nuevas editoriales, más que interesantes. La pobreza se ve en las grandes cadenas, los supermercados del libro y en las librerías de viejo, a las que en líneas generales todavía no han llegado estas producciones, aunque a veces uno se puede llevar una grata sorpresa... no hay que dejar nunca de recorrerlas. Para buscar poesía y nuevas producciones, se puede recomendar la librería Norte frente a la facultad de ingeniería, La Libre y Fredo en San Telmo, de la mancha en corrientes, Crack-up y Eterna Cadencia en palermo, entre otras.

5) Más que autores que no publicaríamos, hay contenidos que nos interesan para nada difundir. Como ser contenidos religiosos, institucionales, militaristas, discriminatorios, cosas que fomenten alguna forma de violencia.
Por otro lado, aunque tengan una gran salida comercial, no nos gustan los libros de autoayuda. Comprendemos la demanda y necesidad del público en general, el mundo postmoderno multiplica insatisfacciones, pero no creemos que se contrarreste con respuestas más o menos simplonas.

6) ¡No hay poema indispensable! Hay poemas que amamos y que van cambiando con el tiempo, no siempre los mismos. En su momento, en la adolescencia, leímos a Pizarnik como una biblia y después la gastamos. Hoy por hoy, podemos decir Olga Orozco en general, la ironía tremenda de Thenon en Ova Completa ("Antología", "Musik"), Vallejo... el más recientemente descubierto Watanabe (sus poemas de animales "El lenguado", "en el bosque de espinos"), "Itaca" de Kavafis, tantos...

7) www.edicioneslamariposaylaiguana.blogspot.com
lamariposaylaiguana@gmail.com.ar

Prosas del desbarranco, de Leticia Hernando

Porque a los que gritan se los amordaza, porque estuvimos gritando toda la noche, dueñas del silencio, y por bailar los barrancos más altos del desierto, doblada en mi cuerpo, tocada por la posibilidad de un verso, he bordado letras en un pulcro papel, tejido cajitas de Pandora. Implorado, feral y sin lenguaje, por una palabra que se abra. 
Solo ramilletes de papeles doblados que esa persona que se llama madre ha guardado, sin leer, junto a los libros infantiles.
Mas ay! madre, si supieras, cuanto en mí hay de silencio, cuanto en mí puede el vértigo.
(carníboras las palabras, hacen y deshacen. Y hasta puede que ya no me desarme.)
Una vez me ahogué. Y me sacaron de los pelos de un pozo de agua turbia y empantanada. Era invierno.
Luego me veo: cuerpo desnudo en un cuerpo inmaduro (leves pezones contra las costillas), temblando detenidas en las vísperas de la asfixia. Me arrancaban de la noche con una toalla áspera y blanda fregando la piel. Me volvían del silencio y no tenían palabras.
Y era casi una suerte no haberse muerto. Rodar la sangre por el cuerpo. No poder coagularse. Oscurecerse. Llevar la cuenta de un ritmo que tiende a cero.
Una vez me ahogué. De una vez y para siempre.
(prosa V )

Habitante del pantano, obscuro, denso. Vaga entre la niebla de la palabra, la niebla de la metáfora, la niebla del destino, la niebla del silencio, la niebla...
Casi no quiere saber del silencio. Pero es tan grande el amor. 
(...)Encontrar la palabra para decir lo que no quiero saber, lo que sé con certeza. Quedarme parado mirando a través de un vidrio o una reja la realidad. Mínima, profunda, serena, en el desquicio de la virtud de poder decir, aunque no entiendan.

                                                                            Alba de Tanti

próximos títulos II

La avidez del silencio (poesía)
por Dafne Pidemunt


los dioses son dioses porque no se piensan
Pessoa

He de escribir
Para que algún Dios
Se arrime hasta mis piernas,
Desvanezca en mis brazos.
Para volcar la culpa de dolerte.
La hostia capital que no he tomado.

(Llevo el pecado como un rezo
que nunca me enseñaron)

-Quise decir: amar.
-Quise decir: alguna vez te tuve entre mis manos.

Pollera Pantalón (cuentos de género)
por Paula Jimenez

El juego de las estatuas, de Dafne Pidemunt

El juego de las estatuas




El juego de las estatuas


por

Inés Manzano



Este es un libro impiadoso. Ninguna piedad para la voz que lo sostiene, ninguna piedad para el lector. Todo el tiempo esa voz que se quiebra las piernas, que aúlla, que se despedaza, que sopla panaderos pero sin recordar la cábala y entonces se devora el hambre de su propia carne.

Esa voz, esa voz todo el tiempo, un hilito de voz, una nena, una huérfana que danza sobre la cuerda floja, sobre la soga tensa de su lengua que tuerce y retuerce los sentidos; y cuando calla, nombra; y escapa por el agujero de sus piernas; y recuerda canciones que nunca había escuchado. Ah... ¿La poesía era esto? ¿Huir hacia el peligro? ¿Acurrucarse en la intemperie de la nieve? ¿Descansar en el  horror?

Este libro es un lugar donde besar se besa sólo en la herida, donde el deseo es desalado y dulce pero extranjero y la muerte, una sombra en el espejo. Pero hay una música de aliteraciones para coser las alas allí de donde fueron arrancadas y retahílas donde persiste empecinado lo que no se ve.


Este libro es un cuerpo minado. Poemas donde merodea la ironía feroz que nos soplaba Thénon, donde suceden las batallas; campos donde se concentra el dolor de los golpes que nombraba Vallejo, donde la nena de papá y mamá se muerde el desamparo y nos obliga a vagar por el hospicio de ese dolor feroz. ¿Dónde está la que era yo, la que debí haber sido? Desde la edad más tierna muero bajo el ojo afilado de mi verdugo; sostengo el mundo que truena a mis espaldas. Y no hay respiro. Salvo, en el fugaz abrazo de la amada; salvo, en el precipicio de su voz; salvo, en el enfurecido amor de la poesía, en el vértigo de su voz.

De esta voz, no se sale indemne. De este libro no podemos salir sin habernos perdido antes, sin abandonarnos a las esquirlas de su sangre donde late lo que todavía nadie nos había dicho.

Poeta nacida de vientre judío

Ella no me ama a mí.
Ella ama mi palabra, mi juego.
Poeta nacida de vientre judío
le digo en idish cosas que no entiendo en castellano
lo que sea por otra noche en sus brazos
lo que sea por otro beso en mis pálidos labios.
-Querés palabras?-le dije.
Jamás se detuvo en las palabras que no podrían
nunca bucear por su sexo
como lo hace mi física lengua.
-Más poemas, pequeña!, Más poemas!-
me exigía cada noche al dormirse en mis brazos
-O se ama o se escribe.
Amor y literatura no deben tocarse-
Ella sabe y no le importa.

Poeta nacida de vientre judío..
Le invento palabras
en todos los colores, sabores y posibles conjugaciones.
Juego con la facilidad del lenguaje en mi lengua.
(siento el jugo derramándose en mi boca,
desde mi lengua poética hasta mi física lengua)

-Si querés un buen poema no me ames-
ella sabe y no le importa.

Y digo:
Me ama? y digo quién sabe y quién sabe qué.
Y digo: No me ama!
Y digo: Es hermosa!
Me salgo de ella
Me olvido de amarla.
Y....... ahhhhhhhhh
suspiro mediante
comienzo el poema
que diré esta noche. 

*    *    *    *    *    *    *
http://edicioneslamariposaylaiguana.blogspot.com.ar/2013/05/dos-poemas-de-dafne-pidemunt-traducidos.html

http://edicioneslamariposaylaiguana.blogspot.com.ar/2012/10/la-avidez-del-silencio-de-dafne-pidemut.html

Dafne Pidemunt
Dafne Pidemunt nació en Buenos Aires en el año 1977. Realizó estudios de cine en la Escuela Municipal de Cine y Video de Lomas de Zamora. Participó de diversos ciclos literarios. Realizó tallerres de escritura en La Casa de la Poesía. Tiene publicado El juego de las Estatuas, 1 ed. YUGEN, 2004. Actualmente está preparando su segundo libro «La avidez del Silencio», estudiando el profesorado de castellano, literatura y latín en el Instituto Superior J.V.Gonzales y dando clases de escritura creativa.

Almas de Sótano de Máximo Rodriguez



La acción se desarrollará este 
sábado 19 de noviembre 
desde las 23 hs 
en las profundidades del bar  
La comunidad del cisne, 
Búlnes y Potosí, a media cuadra de la plaza Almagro.
Súmense a la fogata.




Máximo Rodriguez


ALMA DE SÓTANO

No importa lo que arrastres
acá la locura toma forma de calesita
la niñez es el cuchillo en los sesos

una galería de payasos ahorcados
de madres y padres
borrachos, impotentes, boxeadores,
en la trama de las letras

hay una plegaria
para no morir descalzo
donde el corazón es una mueca
y la sangre el ritmo del descenso



acá no importa lo que vivas,
alma de sótano

calle de pintores poseídos
de cuadros colectivos de enajenación
tumba de la locura

hay voces todavía
entre los muebles y el sueño interrumpido
existe aún la sed y la cascada

belleza de alma de sótano
paz de ira luminosa,
entre los hierros pantano fin,
Vos. 




...El sótano, esa «embarcación en llamas en medio del mar», es atemporal. Allí siempre es de noche, todos los seres tienen cualquier edad y no importa. La oscuridad los conjuga e iguala bajo una misma ley: la ansiedad, para no dejar más que cáscaras vacías; y serán entonces: «costillas arrancadas a la luna», «cápsulas de tormenta» o mera ceguera, vacío, carne...
En las formas que adopta el amor y la soledad, la noche aúlla, dura como el cristal se hace añicos, derrama su líquido sucio. «cuatro tiros/ me incendiaron de a poco/muy sensualmente endurecieron mi alma/que es blanda como una paloma»...

prólogo e ilustraciones: Leticia Hernando

María Meleck Vivanco: Mar de Mármara, alucinaciones del azar

Viernes16 de septiembre 19 hs presentamos 
Mar de Mármara

Mar de Mármara (alucinaciones del azar)

 Canciones para Ruanda

María Meleck Vivanco



Presentan
   Jorge boccanera
  Laura Yasan
Músico invitado:
   Ica Novo
Recitado:
   Elizabet Moino



«Tan contundente es la poesía de Vivanco, que cada verso la representa; elijo dos: «todo respira incendio» y «ella se pudre en sueños»; son apenas señales de una selva interior donde hierve su marmita de fuego derretido. Con datos pálidos, hilachas del bosque, fulgores que duran un parpadeo, arma una y otra vez la historia de una niña que posa sus enormes ojos en las «huellas carnívoras» de la noche. Otra de sus anotaciones habla de: «el misterio de una espesura abierta», dando cuenta del hecho poético: la posibilidad siempre remota de entrever por una rendija los matorrales del enigma. Poeta de la videncia,  Vivanco trabaja con paisajes exuberantes y devastados, donde el amor y la muerte abrevan en la misma poza. Así, la urdimbre de sus imágenes incorpora paisajes astillados, naufragios, cacerías, pesadillas, pero también la vehemencia del erotismo, la exaltación de lo vital y un amor que es vocación y esmero...»  

Jorge Boccanera



Los trabajos sin luz


   Esta limosna turbia del carnaval  Tan inocente, que vuelve a saborear las últimas hipocresías del otoño  En hilos simulados de caricia y entera red confiable  En navegar la nada a torbellinos 
   Muchacha pequeñita disfrazada de loca  Su ley no la resguarda de los cuervos  Sus trabajos sin luz, nadie los mira  La belleza, como viuda del sueño, no resuelve su taquicardia de latidos  Ese rumor de abejas delirantes que recorre el zodíaco
    

   Celoso, ultramarino, regresa Dios con las primeras lluvias



La luna de mísera


   Vi el desamor   Vi la estrella mortal caer sobre mi gozo su cuchillo de punta  Invadí con mis branquias la fuente del deseo, dando vuelta un caldero de niños desvelados  Y a través del dolor bebí de un vino dulce, donde ardían promesas de parte de lo absurdo
   Vi malabares que ofrecían la justicia bautizando con agua de llanto de usureros  Me arrastré por la piel de los hombres sin tierra, en un ramo espectral orquestado de pájaros
   Frotando el paraíso como si fuera lámpara, me dije: mi niña consentida volverá a enamorarse  Cuando se transparente una tregua de sangre  Y la luna, de mísera, se cubra de retazos


   Y ascendí como un ángel a excesivo prodigio




María Meleck Vivanco

Valle de San Javier, Córdoba, 1921 - Uruguay, 2010. En poesía ha publicado Taitacha Temblores (1956, poemas quechuas, Lima, Perú); Hemisferio de la rosa (1973); Rostros que nadie toca (1978); Los infiernos solares (1988); Balanza de ceremonias (1992); Canciones para Ruanda (1997).
Su obra ha sido reconocida por las siguientes distinciones: Premio Libro de oro, Lima, Perú (1956); Segundo premio de poesía de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (1978); Premio Fundación Argentina para la Poesía (1988); Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes (1991); Premio UNICEF, Nueva York, EEUU (1997);Premio Universidad de las Letras, Habana, Cuba (1997); Premio Fundación de los Poetas Vivos (1998).
En 1978 fue invitada al  Tercer Congreso Latinoamericano de Mujeres Escritoras, organizado por la Universidad de Otawa, Canadá y, en 1999, al Congreso Internacional de Surrealismo en el Tercer Milenio realizado en Roma, Italia.

«Almas de sótano - Cristales», de Matías Máximo Rodriguez

un poema de Almas de Sótano
 CONVERSACIÓN DE SÓTANO
                                                                                          
Yo no vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
pero encontré a hombres derretidos por la ventolina de la mañana
y mujeres de medias rajadas,
crudísimas por no encontrar las jeringas
que escondieron en el raid puertas adentro
de la noche anterior.

«La ansiedad es mi pueblo
siempre vuelvo y me revuelco en el charco en que nací:
donde un imperio de hormigas trabajaba entre los escombros
había una descocida bolsa de zanahorias,
con brazos y un corpiño, a la que llamábamos madre»

Al lado una vecina en silla de ruedas
nos tiraba con manzanas y otras frutas
para evitar la muerte por desolación.

«¡Y el hombre que caminaba por los techos!
¡Cuántos terrores de circo! »

Las noches llegaban sobre una luciérnaga tenebrosa
y el aullido del afilador retorcía el ventanal.

«¡Furia por esa sombra inquieta!»

Un chico al borde del ataque de nervios
una pupila grande que trepa el paredón cubierto de vidrios
y desangra y hace un charco siniestro y empieza otra vez.

«Escucho las agujas que lento lento y con fuego
se restan de la tejedora y caen al suelo superlimpio»

Y no pude ver las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura
era ciego, soy prófugo.

 un poema de Cristales

I

Pasos de terciopelo
cisne de sed,
raspa los sueños

Derrama
y la furia del amanecer olvida
al ser sin ser que dice:

                                   El amor cambia de forma,
                                   luego insulta


«Cuentos de Frontera», de Juana Guaraglia


Cuentos de frontera

Juana Guaraglia



Cuentos de frontera
En Cuentos de Frontera me regodeé con los personajes y las historias de unos desdibujados límites entre Uruguay y Brasil, y ¨para el que le quiera entrar", salté esa otra frontera involuntaria que hay entre la salud y la enfermedad, que se cruza más a menudo después de haber pasado la frontera también involuntaria de la vejez y con mayor frecuencia si por falta de voluntad de algunos estás del otro lado de la frontera de tus genuinas posibilidades, en el mismísimo getto de la pobreza.
Límites, fronteras, los esquemas básicos para la manipulación.
Lo bueno es que cada día tendremos la oportunidad de cruzar las fronteras de nuestros prejuicios, confrontando nuestra ideología con nuestro egocentrismo, y la opción de ver o no ver las razones desnudas de este mundo.

Juana Guaraglia

*    *    *    *

La muñeca rota



La vieja ya había caminado más de dos kilómetros cuando encontró la primera cosa digna de ser levantada del borde de la ruta.

Una argolla de cortina, pulida por la lluvia.
Ahuecó el delantal y la tiró dentro. Y es que cuando se busca en la intemperie, lo que se encuentra son cosas que generalmente se redimen por su símbolo o por el entusiasmo de conseguir una parte de un todo nunca posible.
Una argolla es la pequeña parte de una cortina que impedirá que el sol nos desvele, que dará intimidad a un cuarto o esconderá los bártulos de la cocina.
Pero quien sabe si la vieja pensó en eso o si se contentó con la argolla y punto.
Ya habían transcurrido veinte minutos de chueca caminata y pensamientos desbordados por los resabios del alcohol, cuando un ford enclenque paró al lado.

-¿La llevo, doña? 

-¡Boludo de mierda! ¿Qué voce acha? Que sou invalida? ¡Vai ti dar pur cu! 

El auto se pierde en el horizonte quieto. La vieja no lo registra. Presta atención a los fantasmas que la charlan en medias lenguas y la llevan por corredores pestilentes o magníficos.

La mirada atenta, fijando las pupilas en puntos imaginarios que le provocan rechazo o risa.
El olor agridulce de los butiá se libera en la brisa de mayo. Palmeras azuzadas por un viento de mar que viene rodando desde kilómetros.
A mitad de camino, una silueta brilla entre los yuyos. Una rosada anatomía, pequeña y lisa.
Nuevamente se inclina, la toma entre los dedos mochos y la sacude frente al delantal.
El pelo alborotado de la muñeca con abrojos secos.
Mientras camina piensa en Maia, su nieta chica, y saca uno por uno los abrojos con cuidado. Se pincha, putea, se lame los dedos, vuelve a tironear las mechas hasta dejarlas limpias.
Ahora sí. La muñeca está lista para compartir su barriga de canguro con la mandarina medio podrida, la argolla, la lata de gaseosa y la pequeña rueda.
Entra en el poblado ya cansada. Renueva el paso para llegar antes que el sol traspase sus motas blancas y le cocine los sesos.
Ahora camina entre ranchos con tendederos y perros. Conversa con cada animal en el idioma de los locos.
Un ganso la cruza, la deja pasar y luego la sigue un trecho hasta que la vieja da vuelta la esquina.
Cuando encara la cuesta final tropieza con una víbora. La voltea con la chancleta. La panza blanca conserva el brillo a pesar de la muerte.
Se agacha, la levanta de la cola: Olor a lluvia –piensa–. La lluvia limpia todo –se dice, y la suma a su colección de cosas inútiles.
Otro poco y ya estará tomándose una caña en el almacén de Walter.
Cuando llega, los parroquianos achispados por el alcohol la reciben con deferencia

-De nuevo la doña por el pago –dice uno y la risa ilumina el agujero troquelado de dientes amarillos.

-¿Buena pesca? –pregunta el dueño del almacén con su ojo bizco y la voz finita de un eunuco, mientras tira la moneda dentro de la caja y se dispone a servirle el licor.
-Alguna cosa –contesta la vieja.
Arde la caña en el garguero. Nubla la vista. Vuelve la sangre a los tobillos.
 -Ahora sí. Me voy pa’ lo de mi hijo. Ustedes  se quedan ahí, sin hembra que les sobe el lomo, ¡Viejos maricas!

Y se va, alegre de ofender, sin escuchar las réplicas de los parroquianos.


Por la senda se llega a la casa del hijo y de la Nair. Está linda la senda. Sequita. Donde está el pozo pusieron una madera para pasar. Ese fue el hijo. Ahora se le jodió, con la bebida y los otros mierdas. Era mansito. Ni palos le daba. Que se le va a hacer.

La Nair es otra cosa. No la quiere. Que le importa. La tiene que aguantar y que se aguante. Una es la suegra y ya se va a hacer vieja. Ya la van a cornear como a una vaca vieja. Se ríe y se le achinan los ojos.
-A vaca velha de Nair 

Y en esas anda cuando ve la casita de puertas abiertas y jardín cuidado.

En la casa de Nair el agua hierve y la Nair la vuelca en una palangana y a uno por vez se lavan las partes. El gurí canta mientras el agua caliente le entibia las patas.

-Cheguei –dice la vieja y quien sabe si espera alguna bienvenida.


La Nair apronta el mate sin dejar el trajín y sin mirarla.

La niña viene de la pieza. No durmió bien. Como todas las noches la desveló el ruido del mar y se quedó en vigilia custodiando que una ola gigante no se llevara la casa.
Ahora está parada al lado de la cortina que separa la pieza, mirando a su abuela que está algo loca. Con precaución. Coteja que se ríe y aunque sabe que eso no significa ninguna tranquilidad, avanza y le da un beso.
La vieja, contenta, corre los bártulos de la mesa y echa encima los tesoros de su delantal.

-Pa ti –dice mientras le da la muñeca rota.

-Gracias -dice la nieta que aprendió a no esperar nada del otro mundo y menos de éste

Su hermano mira curioso las porquerías sobre la mesa y elige la víbora. La levanta fascinado de asco y se la lleva para afuera.


-Fue hermosa –piensa la niña mientras sostiene en sus manos morenas como un chocolate  sin mordida la muñeca despeinada, desnuda y sin un brazo.

-Los ojos me gustan –sigue pensando.

Son de un herético celeste que la sumergen en la comparación. Los de ella son oscuros como el desencanto o la tristeza.


-Voy a vestirla –se dice.


Busca una tijera en el cajón del mueble, pide a la madre un sobrante de tela y comienza  a recortar la tafeta marrón.


-Así es que está la vida –dice la doña– hecha mierda, igual que calzón de viejo.

-Sientesé –dice la Nair para no escuchar más improperios.
-Me duelen las patas .
-Es claro, si se hizo veinte kilómetros, ¿qué quiere? 
-Con un mate estoy hecha.
-Tenga –le alcanza la Nair un mate humeante- ¿Anda buscando al hijo? 
-Pa qué, si no es bueno ni como hijo ni como nada. ¡Que se amuele el hijo y que se amuele Iván! 
-Iván ya se murió –dice la Nair– cayó seco en el carnaval .
-Era bonito el Iván –recuerda la vieja.
-¿Cuándo? 
-Cuando le andaba atrás a la Rocío.
-¿La que se casó en Porto Alegre? 
-La otra. La que era más puta que una gallina. La que se casó en Porto Alegre, se descasó después de parir y está de vuelta. El chico le salió jorobadito... ¿qué culpa? 
-¿Cuándo la vio? 
-Me contaron. 
-Usted anda levantando sujera por ahí y se le confunde la cabeza. 
-Si no te gusta no escuchés. 
-Tomesé otro mate y cállese.
-No te  me pongas brava que no tengo la culpa del hijo. Será que no lo atendés bien. 
-Callesé vieja. Tomesé otro mate o váyase. Me da igual. 
-Dame otro mate. 

La mañana transcurre en paz, sin novedades del frente.

El hijo en los campos del patrón. Ahora el descansito. La caña, algún poco de feijao y vuelta al trabajo.
La caña justa para ir tirando. Amarrete el patrón. Pero más tarde, a la nochecita, la botella enterita pa la casa y mañana ni viene. Se duerme todita la mañana, que hace frío y no dan ganas de andar amasijando el árbol.

-¿Otro mate? –dice la Nair.

-Pero más calentito. Me dejó frías las tripas.
-¡Tener que aguantar! – dice la Nair. 

Y ni madre tiene para comparar. Pero de seguro no era una borracha boca sucia. Eso de seguro no era, porque a ella ni le gusta que se hable así porque sí. Ella putea pero con razón. Cuando el hombre llega sudando alcohol y se la quiere echar. Cuando se hacen las diez y el cuarto hiede, y sigue echado sin desvestirse, y hay que airear la casa, venir cargando los baldes de la cachimba de Walter y salir a la costa, que ahora está frío, y desenterrar los berberechos y volver con los baldes y amasar las empanadas y el relleno y el tipo sigue ahí, tirado. 

Ahora se le dio por tomar a la mañana.
-Eso no lo va a aguantar – se dice . 
Hoy mismo lo manda para afuera. Sin insultos, porque ella no viene de un pozo. Al cuartito de atrás. No va a quitarle un lugar con catre. Ni eso, ni el pan. Que a pesar es el padre de los hijos. Pero que ni parece. Que seguro los hijos son más de la sangre de ella que no se echa cuando hay trabajo y no se envicia como una perdida.
-Afuera. Y si algún día se le pasa, vamos a ver..., pero ni cree que haya vuelta. Lo dice para no pensar en lo peor. Que se vuelva loco y empiece a ver bichos como la vieja.
-Bueno. Ya está. Ahora se me va que tengo trabajo. 
-Para vos es fácil que no viniste caminando. 
.Deje de decir macanas  y agarre unas monedas para el ómnibus. 
-No voy a ser yo quien te saque el pan...
-¡Ya vino!¡Ya trajo sus porquerías! ¡Ya vio a sus nietos y se tomó una caldera de mate! ¡Ahora se me va, que no tengo tiempo para pelear!
A la nieta con voz infantil y dulce: -¿Te gustó la muñeca que te trajo la abuela? 
-Y...sí. Parece enferma así, sin un brazo.
-Trabajaba en un palacio y se lo cortaron por robar y ya está – dice la vieja.
La niña piensa un instante y dice:
-A lo mejor era una princesa. 
-¡A una princesa no le cortan el brazo, estúpida! – dice el hermano.
-Vos estás celoso porque no te trajeron nada.
-¡¿Celoso?! De una muñeca rota?! No me hagás reír!. ¡Tiene una muñeca rota y sucia y la llama «princesa»! -grita burlándola el muchacho.
-¡Bueno, basta! -interviene la madre- ¡¿ Ve lo que pasa cuando viene?! ¡Solo trae pelea y porquería!
La vieja, sin darse por aludida dice con voz cantarina:
-Bueno...me voy...ya los ví...están altos como el tío Jacinto. A la vuelta les traigo el brazo a vos y algo para aquel que ni me dio un beso pero no importa. Si se porta bien lo llevo conmigo por el camino. 
-Váyase de una vez y no les ponga ideas locas. 
-Bueno... la abuela se va. Vení, me da un beijinho.
La nena la mira no muy convencida. En la última despedida la pinchó con los bigotes y la baboseó entera. Se acerca rapidito, le da un beso en el aire y sale corriendo para el cuarto. El nieto ya no está. Ya se escondió.
-Y vos Nair, seguí con esa lingua dura de vaca velha. 
-¡¡¿Qué dice?!! 
-Que los mates estaban ricos. Faltó la torta frita. 
Desde la ventana del cuarto la niña la ve irse por la senda, espantando quién sabe que ánimas. Vuelve al living.
-¿Y mamá...? ¿Quedó bien...? -le tiende la muñeca, ahora peinada, con un ponchito casi hasta las rodillas.
-Muy bonita. Le podes poner tu broche rosado.
¿En serio? –dice la niña y sale animada a buscarlo.
Nair suspira, recoge las porquerías de la mesa y las hecha en el balde de la basura.

Afuera, por la senda, la vieja va hablando sola.

-Mañana llueve... comemo torta frita... con guiso de sirí, con el Iván..., con la Rocío y el jorobadito de la Rocío...y la vaca velha de Nair. Y unas monedas pa la caña de Walter. ¡Qué lo parió, se amueló Iván!? Y era lindo el Iván!...¡alto y gordito!...

Un sol flaco seca los pozos, las fachadas desparejas, los lomos de los cuzcos.

El sol que está en el cielo y no nos deja caer en la tentación de caer, y no nos deja caer, y no nos deja.


*    *    *    *    *    *    *    *    *    *    *    *    *    *    *

Juana Guaraglia

Juana Guaraglia

 Escritora y artista plástica. Nació en diciembre de 1961. Hija de María Meleck Vivanco, poeta surrealista y kinesióloga, y de Luis Guaraglia, coplero aficionado y exitoso rematador de mediados de siglo pasado, su infancia transitó entre artistas, revolucionarios y enfermos.
En una casa donde se practicaba el socialismo y donde se conjugaba la bohemia con la vida práctica, frecuentada por íconos de la época, y en una atmósfera de solidaridad y anarquía, se inició como poeta, leyendo sus creaciones a personalidades como Olga Orozco o Francisco Madariaga. Editó «Puerto de aves vanas» a los 13 años de edad, que fue fantásticamente acogido por la crítica (en buena parte por la precocidad de la artista), desarrollándo luego un severo sentimiento de auto exigencia que la llevó a abstenerse de volver a intentarlo.
Esperan en el banquillo de los inéditos dos novelas, guiones, canciones populares y monólogos de humor.
Desde el 2012 se encuentra desarrollando la técnica del mosaico.
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«Hospital Psiquiátrico», de Carlos Gallegos


Hospital psiquiétrico, Carlos Gallegos
Estos textos fueron escritos a partir de impresiones en el hospital Torcuato de Alvear.
No tienen otraintención que un desarrollo literario y humano. Su único propósito es poner en palabras lo que fue quedando en mi memoria como resonancia. Sutiles impresiones que se nos van alojando como sedimento en nuestro interior y que en definitiva nos construyen como seres humanos. Proclaman lo verdaderamente humano: esa humanidad a flor de piel, ese amor infinito, que a veces se expresa como sintomatología alterada, que se rotula como afectación y que en definitiva es sólo una paradojal manifestación de sensibilidades.
Carlos Gallegos, 2010


a los internos del hospital psiquiátrico quienes me enseñaron que la poesía
es una vertiginosa simplicidad


A esta sombra la he visto moverse en medio de la luz.
-Tiene un eje roto, dijiste, señalando al sol.
*

¿Teníamos edad? ¿Teníamos forma? 
El hospital era una página aparte del mundo y lo sabíamos.
De tanto no hablar, habíamos empezado a creer que en verdad éramos un sueño. 
Mordimos la pastilla justo en el medio, donde el límite es incierto y aprendíamos a morir.
Una vez escribiste en los muros, recuerdo, y desde entonces dejé de mirar por las ventanas
*

Aprendimos que por detrás de las máscaras el mundo es un hombre tiritando. Aprendimos a callar con todas las palabras: que se ahoga el que nombra, que el infierno está en el idioma.
Aprendimos también, en silencio, que el silencio es un cuerpo vivo y que acá, la vida, es igual que en las calles.
*




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Carlos Gallegos (Buenos Aires 1966). Tiene editado el libro homenaje a Jacobo Fijman «Otras Realidades»; inéditos «Hospital público», escrito drante un mes de internación en el Hospital Bocalandro, y «Juego de similitudes». Actualmente se desarrolla como fotógrafo conceptual.