novedades 2017




La siesta
de Claudia Masin

ISBN: 978-987-38081-8-0
Poesía en prosa
52 pags

Presentación: 21 de mayo en Casa Brandon


"Las verdaderas historias están escritas con esa fuerza loca y desmedida de la infancia: para resistir, y antes de ser escritas han pasado por los huesos y por las venas y por cada fibra del organismo de un ser vivo. Esas historias no pueden ser sino lo que son, no son alegorías ni símbolos, no establecen metáforas entre las cosas del mundo, son ellas mismas la metáfora que alguien lee en su propia carne, desprendidas del dolor o del placer o de la furia o del asco, como la cáscara de una herida, como la pequeña capa que la protege insuficientemente y que ha de dejarla expuesta para que pueda curarse al sol, al aire libre, cuando sea el tiempo..."



El barco

de Sonia Catela

ISBN: 978-987-38081-9-7
Novela
136 pags



Sonia Catela con su maestría habitual -con una prosa que puntúa de tal modo que los movimientos de los personajes hacen signos en el cuerpo de los lectores - nos entrega un momento de la Historia que, trágica, insiste. Lo que sucede en El barco a fines del siglo 19 es tan actual como singular, único. Sorprendente aquí porque  “las mujeres quieren rehacer Proscurov donde sea que caigamos. Con biblioteca, templos, casas de mala fama, habladurías y odios”. Como caracoles, se desplazan. La autora, que nos señala el horror, no deja de mostrarnos cómo aún en situaciones infrahumanas lo humano tiene cierta pretensión y, por ejemplo,  alguien que llevó uvas comenzará a pisarlas. Otros acompañarán ese hacer y Eros renacerá aunque se esfume.  De cierta manera, se busca “una tierra sin mal”. ¿Podrán estos viajeros-migrantes poner un tope a la repetición queriendo seguir siendo quienes fueron?  Una larga marcha en el vapor Wesser  primero y por tierra después, transcurre a un ritmo en blanco y negro. En este éxodo no se cruza el desierto, se cruza el mar. Sonia Catela –así como en Malos pensamientos,  Dos monos pintados y en sus otros libros-nos lleva con la construcción de El barco de un real a otro. Acaso ¿no somos nosotros el lugar?
Susana Szwarc



Rama, rama, rama negra

de Adela Basch
con fotografías de Silvia Sergi

ISBN: 978-987-38082-0-3
Poesía
56 pags



Ahora, en este instante, yo soy el río.
Fui mujer y varón, una y otra vez lo he sido
durante noches, amaneceres, tardes,
crepúsculos rojizos que todavía arden,
secuencias de sucesión interminable.
Fui multitud de animales, delicados y toscos,
de las variedades que galopan, vuelan y recorren los mares, 
de las que aúllan y saltan, de las que croan y reptan,
de las muy diminutas y de las gigantescas.
Fui musgo, flor, tallo, follaje de incontables ejemplares
de miles de millones de géneros y especies vegetales. 
Guijarro y piedra fui, 
peñasco y greda, arcilla y roca,
y, paciente, me hice arena 
que con las aguas se besa boca a boca...

fotografía Silvia Sergi

En preparación:

Mil Juanas de Rosa Machado 

La mariposa y la iguana 2016: los que se vienen y los que están



Próximos Títulos


2º semestre 2016

Colección La Mariposa y la Iguana

Título: Rama, rama, Rama Negra
Autor: Adela Basch
Fotografías: Silvia Sergi











Título: Así la vida de nuestra primavera
Autor: Lidia Rocha



Título: Pescador
Autor: Gerardo David Curiá





Título: Pianistas en estrépito y fuga
Autor: Leticia Hernando
Autor: David Gonzalez















Título: XXIII Fragmentos
Autor: Cayetano Guzmán
Edición homenaje
(No comercial)













Título: Poemas
Autora: Inés Manzano
Edición homenaje
(no comercial)












2017
El barco, de Sonia Catela
La siesta, de Claudia Masín
La doble, de Paula Jiménez España
Mil Juanas, Rosa Machado




Ya están en las librerías:


La muertita o la novela que
Autora: Susana Szwarc

ISBN: 978-987-38080-9-8
1º edición, 2016
género:novela experimental
pags. 90

En "La muertita o la novela que", todo el espectro de lo que constituye la estructura del ser humano contemporáneo aparece como en un escenario en el que a alguien se le van desgarrando las innumerables pieles superpuestas (convenciones colectivas y rituales, apetito de poder, belicosidad, pecados ecológicos, discriminación, control del otro) y que se nos enciman a medida que el rebaño social opera.
"La muertita" elige su propia dirección a contramano, dentro de ese núcleo social que nos condiciona.
Ella elige un subsuelo como alojamiento, como tantos de nosotros.
Sonia Catela

“Un animal anonadado, eso era la muertita. Nada que ver con el ratón de ojos inteligentes.”





ISBN: 978-987-38081-1-1
1º edición, 2016
género:narrativa
pags. 142

Una chica del conurbano obsesionada con una actriz de TV de los 80; una profesora de historia enamorada de su instructora de box. Policías sensibles y cinéfilas fracasadas. Narcotraficantes prêt-à-porter ocultas tras pelucas rubias; huyendo de las tormentas como sirenas y remolcando para su más preciosa intimidad los días, los autocines y las estrellas.
Entre la melancolía y el kitsch, los personajes de Mi madre favorita tiene bíceps parecen siempre llegar de fiestas tristes. Como aquel paracaidista que no puede aterrizar, a duras penas logran pisar la tierra.

«Lilian Laura Ivachow se para en lugares indómitos para dar cuenta de lo que ve, de lo que percibe, para escribir con gracia, con humor y con amarga desesperación, las historias de unos personajes a los que la luz parece tornasolar y vuelve completamente entrañables. Buenos Aires o Hong Kong, empedrado o celuloide. Todo puede ser capturado por el travelling -como ese fabuloso sobre la autopista Perito Moreno y sobre la década de los 90 que deslumbra en «Los paracaidistas»- de una escritora que parece encerrada en una cápsula solitaria pero que descerraja relatos que auguran una empatía feroz y, sobre todo, llegan plenos de escritura.»
Julián López



Autora: Soledad Gómez Novaro

ISBN:978-987-38081-2-8
1º edición, 2016
género: prosa poética
pags.24


...Casi como si lo opuesto a la lucha, a la hincadura del colmillo, fuera la seguridad del hogar: el lugar donde el lenguaje permanecería entre rejas, a salvo de toda irrupción desestabilizadora. Uso esta forma hipotética, “permanecería”, porque obviamente aludo a lo que del hogar se espera y no a ese lugar real que es la casa donde, muchas veces por reacción del hijo o la hija, la propia lengua natal se vuelve insurrecta y desobediente y nace por ejemplo, contra toda predicción, un o una poeta. Es decir, nace de un hogar decente, el ser más inútil de la tierra, un ser que obedece a la lírica y que, como dice Diana Bellessi en la Pequeña voz del mundo, es la idiota de la familia. La idiota que se hace la idiota, es decir, la que sabe escuchar. El comienzo de este precioso texto de Soledad, Dentelladas, es un juego muy a su medida, a su humor y a su ironía; se trata de un mandato limitante que cae sobre el yo y se expresa por la negativa, el yo le prohíbe al yo, sensatamente, la emergencia de toda liberación, de todo vaciamiento. El texto dice:
“No seas.
No pronuncies las púas, los vidrios rotos, los baldíos, la empalizada, los pies descalzos.
No seas.
No cuentes la sarna y la lluvia, las costras, el pan duro.
No seas.
No digas en la fiesta el alambre crudo, o el borde, o el afuera y la ropa descosida.
No seas.
No grites los perros flacos, el agua sucia, los días helados.”
El ser es entonces una bolsa cerrada llena de metáforas que el yo le ordena no abrir, se lo ordena para que no se revelen todas las imágenes poderosas e ingobernables que lo componen. (...)
Paula Jiménez 
España

ISBN: 978-987-3808-10-4
1º edición 2016
género: ensayo
págs. 112


Las preguntas de la que parte el presente libro son: ¿Hasta dónde incluyen, verdaderamente, la Ley Nacional de Educación y el sistema educativo? ¿Qué sucede con los colectivos que quedan fuera? ¿Qué garantías ofrece para incluir a la diversidad?
A partir de estas preguntas, este libro analizará la respuesta que dan los bachilleratos populares, y en particular el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis.

En la Argentina, a partir de la crisis de 2000, surgen –como alternativa al modelo pedagógico imperante– los bachilleratos populares, en donde la relación educador-educando desestructura la verticalidad hegemónica del sistema educativo y da lugar a una relación de aprendizaje-enseñanza desde la horizontalidad, buscando sanar las heridas sociales e incluir a los tantos colectivos expulsados.
En el año 2011 se funda el primer bachillerato popular trans del mundo, que no sólo busca incorporar al colectivo trans al sistema educativo, sino también visibilizar a estas subjetividades y empoderarlas para que puedan erigirse como sujetos críticos de la realidad circundante.



Para ir al:



















Pianistas en estrépito y fuga, de Leticia hernando



 
 


Presentación de Pianistas en estrépito y fuga
por Susana Szwarc



Agradezco a Leticia la posibilidad de presentar este hermosísimo libro.

A medida que lo iba leyendo le decía a Laura: es precioso es precioso y repetía pero no lo decía de modo cerrado, circular, sino que iba diciendo este Precioso (adjetivo, sustantivo) de forma espiralada. En “Pianistas” cada vez el lector da un paso más. O reescribe o busca a las siluetas por toda la casa, por todo el mundo, y hasta afuera del mundo como cuando vemos:
Gritando. Todos son extraterrestres. Están cuadriculados
Quise o sigo queriendo ponerle un título a este texto que se me fue armando al leer Pianistas.
Y me aparecieron varios que surgen del libro, que me a-saltaban /me a-saltan. 
Títulos como: “Equilibristas del silencioso alarido”, o la frase de la cita de María Meleck Vivanco. “Nuestrá médula tiembla”, o “por un kilo de milanesa”. La vuelta a la manzana como dar una vuelta, regresar al mismo lugar que ya no es el mismo lugar. Siluetas desperdigadas.
Des-figuraciones. Des-hilachas. 
Es que este libro encierra y libera multiplicidades. Como diría Alejandra pizarnik en La palabra que sana: CADA PALABRA DICE LO QUE DICE Y ADEMÁS MÁS Y OTRA COSA. Y este poema está EN EL INFIERNO MUSICAL.

 En Pianistas se produce en el libro, en su música, la palabra que sana.
Pero que tal vez primero destruye.
Leer es destruir, dice Edmond Jabés y cada lector hace un nuevo libro.
Tal vez tendría que llamar a este texto que preparo : la palabra que sana.
Dado que se nos muestra lo roto, lo quebrado, lo fisurado y de ahí los hilvanes, los hilos y las agujas para el uso del lector. 

Cada cita con la que se empiezan los capítulos, en que se dan los intervalos, son un don que nos hace Leticia y se vuelven, a la vez, fundamentales, son piezas de esa construcción.  

No dije el título completo del libro: Pianistas en estrépito y fuga.

Al escribir hay siempre una especie de sensación de algo que se nos fuga, tal vez hay una fuga de la totalidad, una condena y una liberación. 

Como lectores lo mismo. Dice en Pianistas: “Si alguien leyera lo que escribe, creería que no ha encontrado nada”, “la voz que se vuelca como una copa”. También: “Se baila en la cuerda del verbo”. 

Creo que hay pocas palabras que contengan el estrépito que encierra la palabra fuga. Y aquí tenemos en el título: estrépito y fuga.
¿Pianistas fugitivos?

En estos días de homenaje a Borges escuché que con el tango Patota sentimental Borges decía que esto era imposible, que era un oxímoron, pero algunos creemos que sí es posible. Y así como por 1900 andaban con un cuchillo en la mano y en la otra el violín, aquí, en “Pianistas”, llega la primera silueta con una ginebra y un libro. (Mano a mano) “En andas la poesía, en andas la furia.”

Leticia Hernando va cómodamente de la cólera de aquel Aquiles, y que hoy es otro u otra Aquiles en “Pianistas”, hasta el tango y pasa por el barroco tan naturalmente porque sabe que solo hay artificios, que la naturaleza está allí. Por ej en el hospital Ramos Mejía donde están los patios con árboles, las luces blancas de los pasillos y la resonancia o tomógrafo que no se podrá usar aunque algún enfermero se solidarice con el coro de borrachos, solo porque está bajo llave.
 
Y con el título del libro de Leticia Hernando reapareció en la memoria la frase de la Ilíada (traducida así) donde dice clamoreo y fuga, en esa epopeya o/ y cantos sobre la cólera y la guerra.

Son ocho siglos a.c., y llegamos a Pianistas donde, a su través, se podría decir que no hay un comienzo y no hay un fin, o todo es comienzo y todo es fin, un romper la idea de tiempo o la creación de otro tiempo, un tiempo musical. Aquí la música está escrita con palabras y no con notas aunque también hay corchetes.

Hay un trabajo con el espacio que hubiese encantado al mismísimo Mallarmé. Los espacios dibujados, trastocados pero sin que salte eso a la vista, sino que haya que mirar o eso nos toca la mirada.

Paréntesis, corchetes, bastardillas suenan, se hacen escuchar, los vemos y oímos. Hay, además, una intensidad de las acciones.

Y tenemos un regalo más. Esas hojas que nos aparecen cada tanto donde las siluetas se mueven, se mueven porque se mueven, no creo que se muevan para nosotros. Están ahí, y creo que es cosa del lector ir con ellas o dejarlas sueltas. Y tal vez hasta puede haber lectores siluetas.

Y se da en las siluetas un estallido de sexos.

Es que se entra al libro, no nos avisa de esto en el título la autora, sino que encontramos la palabra silueta y nos damos con las siluetas en nuestros ojos: “La silueta es oscura como un mimo sin rostro, sin edad, sin sexo”.

La palabra silueta en este país está cargada de un significado.

Recordé ese siluetazo de 1983. Las siluetas –cada vez– de los desaparecidos.

Sin embargo, no son solo estos los desaparecidos de este libro sino del libro que construyo al leer. Las siluetas de la que nos cuentan los pianistas son las de los pianistas. Contornos, borde, figura, frontera.

Dibujamos siluetas, me preguntaba, ¿tienen sombra las siluetas? En algún lugar del libro sabremos que estas siluetas también tienen sombra.

Las siluetas son también un bulto con el que tenemos que cargar.

Muy pronto, en las primeras páginas, encontramos una frase que insiste, o que se hace escuchar para que nos preguntemos: ¿es posible? e ¿importa si es posible?

Se dice: ¿Quién sos el azar?

y no deja de insistirnos, vuelve,

aunque la pregunta podría ser: ¿quién sos? ¿qué sos?

también ¿quién sos vos? o ¿quién te creés que sos?

Pero ¿quién sos el azar? no deja de perturbarnos, hay algo de aleph allí.

Es la pregunta y la respuesta a la vez, es la llegada del mesías que nos va a revivir a todos, pero ¿cuándo, en qué momento de la vida? ¿En qué azar? ¿Estaremos caídos, estaremos en el baile de borrachos, seremos parte del coro? ¿Seremos la niña uno, la dos, la tres? Estaremos rizomándonos? ¿Sabremos la medida de las cosas?

Vuelvo al título “Pianistas en estrépito y fuga”

Pensé también en una fuga de agua, en una fuga de capitales, en una fuga de cerebros.

Y la fuga como repetición en diferentes voces y tonos.

En este libro donde las notas del pentagrama son palabras y son hormigas hay un continuo transmitir acerca de las palabras y la memoria. Claro que si el tiempo es todos los tiempos, la memoria se vuelve amorfa.

Cerca del final si es que lo hubiere, tal vez fuera mejor decir, cerca del final de esta puesta en escena se reproduce la huida, la evasión, el estrépito y la salida.

Y digo puesta en escenas pero qué es “Pianistas en estrépito y fuga” además de una epopeya? Es un libro de música?

Es eso y es también un pentagrama por donde caminan las hormigas.

Es una obra de teatro.

Es un oratorio, una casa de oraciones, de sonido y furia (y se escucha el grito del idiota)

Es, como lo dice también en el título, una fuga donde un sujeto alterna en la con el contrasujeto.

Y es una ópera, esa forma de arte total en el que confluyen la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y hasta la danza.

Iba leyendo y me surgía: aquí hay una trampa, como la trampa del deseo, como que se nos muestra que el deseo es un oximorón y donde las palabras provocan su aliteración para aumentar en la tragedia la dicha (y también me he reído, como quien advierte que cae en la trampa y que gracias a eso, y aunque sea el último instante, se le revela algo que, por supuesto, como a cualquier silueta que llevamos adentro, se le fuga, se le escurre como un clamor, un ruego en el momento inoportuno y repetido.

Hay en el hermoso libro “Pianistas en estrépito y fuga” una fragmentación de lo temático y de los sujetos que lo hacen pero también hay una fusión, aunque cada silueta pareciera irse por su lado.

El libro anuncia una vez La Catedral Gótica, una vez dice Maldita Ginebra. Otras palabras insisten. Y personajes que tal vez entran y salen de allí.

Hay en el libro homenajes a queridos poetas, hay una poética.

Y todavía, cuando ya creíamos haber comprendido algo, aparece la palabra Desconfío. Otra vez ese prefijo que puede denotar negación o inversión o exceso y hasta afirmación.

Si bien no podemos escapar de la polifonía al hablar, es muy difícil de lograr en una novela, en un poema, en una obra de teatro. Y aquí se logra y además en la polifonía está la polis ¿será la polis el abasto de Maldita Ginebra y sus múltiples sonidos?

Pero claro, esta es una obra musical.

Diría, para terminar, qué libro tan des-atinado, destinado a leerse una y otra vez. Y alertados (hipnotizados) seguimos los lectores que podríamos salir en persecución (percusión) de algunas palabras nuevas todavía.

Y repreguntarnos: ¿quién sos el azar?

 
Elementos para una estampida

 

Todos mis libros son provisorios. Todos son distintos y tienen algo de: “hasta acá llegué”. Pero este lo es más.

Los pianistas, en cualquiera de sus versiones, está dedicado a ese hogar extraño que fue la Maldita Ginebra.



Los que pasaban no dejaron de pasar...


 

Pianistas en estrépito y fuga

-Versión para leer a viva voz-

 
 

Te agitabas por alcanzar mi botella y gritabas invitándome a pasar:
 —La catedral gótica, niña. La catedral gótica —tomaste la botella y entramos.
(Me senté en el piso entre partituras y el hambre de las hormigas.)
—Bach, niña. ¡Bach! ¡Escuchá!
 Las notas se caían. Un estrépito fue la fuga.
(El pianista anoche murió.)

*

—Salí disparada. El empedrado de la calle. La dura piedra del exilio. El breve zumo de la vida. En vuelo salvaje hasta la luna.

—Armonía hecha añicos. Jauría de notas y cacería.

—Siglos atrás salí disparada. Desparramaba palabras en el camino para perderme en el bosque. Apenas doblada la esquina empecé a arrojar guijarros, miguitas, verbo mordido.

Del encierro al vacío en estrépito y fuga.

—Los modales lejos.

Lejísimos.

—En andas la poesía, en andas la furia.

 
*
 
La secuencia es breve. Rápida. Eso. La visión de algo que pasa. Lo que sucede en el sesgo de la mirada. Mancha confusa y temblar adentro.

¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?

—¿Quién sos el azar?

Un paso tras otro más otro. Y nada más.

Hay ruido pero es silencio.

[La silueta escribe mientras camina, la sombra detrás. Se acuna con las palabras. Se habla como a una criatura: está loca. Es un caracol vacío donde resuena el mundo.]


¿Dónde es aquí? ¿Dónde es ahora?

(Esa música de las palabras como casa)

Ya no sabe que edad tiene. Que puerta golpea. Hizo todas las filas de todos los baños y ahora apila botellas en equilibrio precario.

Ya no sabe si día o si noche. Es una criatura sin nombre. Tiene hambre. Hace frío.

 [Despavorida, la silueta empuja y es un bar. Subsuelo adentro.]

 En el sótano, todo tiene la velocidad irreal de una película muda: el aire está lleno de palabras que pasan. Una maraña de trazos oscuros, el coro de borrachos, sobre el sillón desvencijado.

El poeta invitado llega temprano con su carpetita de poemas bajo el brazo como todos los recién-llegados.

—Vengo a presentar mi libro—anuncia—, me invitaron por mail.

Y ya no se lo escucha más: Vidalita-Blues prueba sonido, los destonos exactos.

 [Alguien vuelca la botella. Trizas. Una burbuja que estalla.]

 —¿Qué pasa? ¿Ni la risa del idiota? ¿Qué primavera es esta?

[La silueta que habla empieza a mover las manos como si le faltara algo]

—¿Qué miran inmóviles? —grita. Las manos, una forma extrañísima que quieren cambiar defunción.

—Mordieron sangre, acuérdense. Fueron crueles. Atraparon moscas. Les arrancaron las alas por convertirlas en hormigas. ¿Se acuerdan?

 


Deletérea, la voz, se vuelca como una copa...
[Una silueta ríe. Otra llora. Todas beben. Son criaturas de la cadencia, obedecen lo que no comprenden. Ecos. Acentos rítmicos. Caen como puños. Cerrados.]

 

Todas las noches son la misma noche. Una y distinta siempre termina con pájaros insomnes y ruido de persianas levantándose e hilillo de vino tinto en las canaletas como sangre derramada y siluetas desperdigadas por la acera que baldean lentos porteros.

 *


De todas las noche elegí para leerles la nº 2 que tiene por nombre:

Merluza Juárez, su mamá y el psiquiatra

 

El recién-llegado entra acompañado por su mamá y su psiquiatra. Es temprano. Es epiléptico. Se hace llamar Merluza Juárez. Tiene cara fiera. Es de la Boca. Escribe cuentos.

Tal vez porque crueles, con filo y aristas, sus cuentos. Tal vez porque llegó tan temprano acompañado por su mamá y su psiquiatra, será el único cuentista autorizado a leer en la casa, en toda su historia.

 

Merluza se sienta y pide una coca para él. Y otra para su mamá. Dice que está de vuelta. Que ya no bebe.

El psiquiatra, no.  Se pide un Whisky.  Y otro. Y otro.


Maldita-Divine y Vidalita-blues abren la noche. Poesía y blues&roll

Merluza lee su cuento:

Un niño con síndrome de down es abusado por el carnicero del barrio que le da un kilo de milanesas a cambio.

 

Promediando la madrugada, Merluza Juárez y su mamá se retiran.

El psiquiatra, no. Toma otro whisky. Y otro. Y otro.

Luego la noche se desmorona. Astillas el cráneo, el alcohol. La sustancia del silencio. El empaste del aire.

El poeta invitado araña tango y no llega. Sucede lo olvidable de la poesía, el bla-bla poético, la más insulsa escritura.

El psiquiatra no entiende. No quiere. Amaga taparse los oídos, rascarse la cabeza. Vuelca el whisky. Loco, está a punto de vociferar.

—El corazón se destroza cuando escucha un mal poema –dice para adentro, temblando.

No queda más que maldecir en el peor de los idiomas. Ebrio se incorpora a medias y se detiene. Los ojos abiertos.

A su alrededor los borrachos se desfiguran profiriendo barbaridades. Se desatan contra lo que les aburre.

—¡Maten al poeta! —grita el coro.

Maldita-Divine se entusiasma y olvida al invitado. Pelea a las siluetas, arenga al coro.

(No recuerdo si esa noche volaron botellas.)

 

Por entre el ruido, una voz femenina. Una voz que casi tiembla pero no.

Impiadosa. Crece hasta morder. Acalla. Los nervios de los borrachos.


Violencia y desgarradura contenida. Miente ternura. Voz que ha perseguido palabras con la paciencia de un sabueso. Y ahora las suelta. Lacera el aire para tocar el cuerpo dócil de los borrachos.

Aquí no hay cobijo –dice. Y dice con dulzura:

En el poema no hay quien se salve.

Todo es silencio. Lo sostienen las manos de los borrachos que tiemblan vidriosos pendientes del hilo de la voz.

La que lleva adentro la voz que muerde, deja el micrófono. Touché. Despacio. Silencio. Se ha escuchado un poema.


Luego, desde el fondo, se levanta, lentamente, un tímido laleo. Incomprensible. Un cántico que debería haber permanecido interno. Es la señal. La inmovilidad se rompe. Los borrachos se abalanzan sobre sus botellas. Sus vasos. La noche se precipita.

Al final de la noche arrastramos al psiquiatra hasta un taxi. Lleva en el pecho un papel escrito con una dirección.

Se ha transformado en una criatura hambrienta de whiskys y poemas. No dejará de volver.

Anoche también murió. De viejo, nada más.

*


Después de todas las nochesvino una noche que duró cinco días, en la que todas las siluetas perdimos nuestra sombra.

(Es que el Ramos tiene largas luces blancas que deja sin sombra a los que pasan.)

Una noche que terminó en Chacarita bajo un sol incomprensible.

(La guitarra en el ataúd y el ataúd en tierra)

Cuando las paladas de tierra empezaron a golpear sobre la madera, cantamos.

 


 

 


 

Fedra Spinelli


Fedra Spinelli


nació en Buenos Aires, Argentina, en noviembre de 1970. Es poeta y periodista. Exploró también por la antropología, brevemente por artes combinadas. Hizo teatro, performances, danza y fotografía. En poesía tiene publicado «Vietnam» (edición artesanal); «Digo bosque y otros poemas» (ediciones del Dock); "Delta" (Ediciones la mariposa y la iguana, 2013).

Su blog es cotidianapoesia.blogspot.com


Delta

"La corriente arrastra objetos, los manipula, los moldea, los transporta, los pasea. Ella decide esos destinos de cementerio para hojas, ramas, botellas, restos de casa o embarcaciones, cosas que la gente abandona.
Ella pensó que hay dos tipos de objetos, los que flotan y los que se hunden. Mientras ve el agua discurrir, crecer, subir la costa y avanzar a tierra. Masa duplicada (aumentada) de agua por la lluvia. Mientras observa el brillo sinuoso de esa danza que hace el río. Intenta hacer una lista de lo que queda en la superficie, lo liviano; y lo que se sumerge, lo que pesa. Trata de descubrir si lo que flota está vivo y lo que se hunde muerto. Pero no puede, no le sirve ese pensamiento. Le preocupa no poder saber qué tipo de cosa es ella. Si se va a ir al fondo o va a rodar a la deriva. Pero ve que el fondo también es una deriva, que si se hunde está viva, que el peso de algo se define en la corriente."









En este libro los hechos se superponen, la cronología (que “nada explica”), aparece compactada y en fragmentos, con la confusión de los que no comprenden lo que tienen en las manos. Y sin embargo hay una progresión de viaje que también es un viaje adentro, que se multiplica, se ramifica como un delta sin dejar de formar parte de un mismo río: los empuja una misma corriente.
Entonces, está el viaje físico al Delta del Paraná, el viaje interno, el viaje soñado por otros, que brindan los libros.

Lo “salvaje”, “eso, lo inevitable”, que desborda e irrumpe puede verse a lo largo de todo el poemario. Está en lo cotidiano, a pesar de las listas de hacer las compras, en la cabaña del Delta, en la propia sombra junto al río. Entre el miedo y la fascinación, no se comprende lo que arrastra el fondo, todo es opaco. El movimiento es simultáneamente una huída y una búsqueda: “irse para encontrarse”. Un pedacito de tierra, una isla, la metáfora del cuerpo, algo que funcione como ancla frente a la deriva del sentido, la deriva de las aguas, la metonimia que hace de los cuerpos objetos inanimados en la corriente.

“La pregunta sobre el amor, llevó a la pregunta sobre el ser”, dice Fedra. Sólo que el verbo ser casi no aparece en todo el libro y el que no deja de reiterarse es el verbo “estar”. Tal vez porque la existencia no se comprenda más que estando, en los lazos que se tejen con la palabra del otro -“entonces, lucha”-, dice el padre y hay algo que se detiene y hace pie.
Leticia Hernando 

Dafne Pidemunt


Dafne Pidemunt

Nació en BsAs en el año 1977. Realizó estudios de cine y video en la Escuela Municipal de Cine y Video de Lomas de Zamora. Participó de diversos ciclos literarios. Realizó talleres de escritura en La casa de la Poesía. entre otros.
Tiene publicado «El juego de las estatuas», ed. Yügen, 2004. reeditado por «Ediciones la mariposa y la iguana», 2010 y "La avidez del silencio", Ediciones la mariposa y la iguana, 2013. Participó de la antología de poetas argentin@s cotemporane@s «Si Hamlet duda le daremos muerte» (Libros de la talita dorada, 2010).
Actualmente se encuentra estudiando el profesorado de Lengua y literatura en el Instituto Superior J.V. González, dando clases de escritura creativa y desarrollando el proyecto editorial «Ediciones la mariposa y la iguana» junto a Leticia Hernando.

Aquí el video de la presentación de "El juego de las Estatuas" a cargo de la poeta Inés Manzano y la entrevista a la autora. 
Y dos poemas, traducidos al francés por Cecil Guivarch.

contacto: dafne_pidemunt@hotmail.com 

El juego de las estatuas



La avidez del silencio





Madre

El consuelo de escribir.
Mi madre se emborracha. Una y otra vez la asesino. Muerta, resucitada, continúa suicidándose. Pienso en la música, trato de no llorar, la máquina de escribir repite los mismos errores en la misma tecla, mi madre tipea. A lo lejos yo la observo; vaya coincidencia, al igual que la máquina yo repito siempre los mismos errores que mi madre, en las mismas situaciones. Me emborracho, me asesinan, resucito, me suicido.
Y mi madre a la par mía vive con el consuelo de escribir,
imitándome.
*

Madre II parte

Como una daga alzada en la oscuridad
es la madre que tuve y que tendré.
Debo aceptar que no es la madre que elegí,
ya no creo en el Karma.
(El conformismo no es mi suerte)
Pero si la vieran haciéndome la comida
o arropándome en las noches,
entenderían por qué la perdoné
de hacerme madre desde mi niñez.
*

Recuerdos del viajero

Es el romance del hombre solitario.
Un recuerdo, apenas, del silencio de los hombres
en la letanía que baja desde el cerro
con los pies sucios y morenos,
con los hombros cansados y el cajón.
(Hemos visto bajar cajones.
Hoy nos refugiamos en la vida para no recordar)
Y cuando el cansancio es almático
lloramos por el muerto,
pero si lo que duele es el cuerpo
el peso del cajón supera al de los años.
(Hemos chocado las manos
con aire de condolencia
hacia alguien que desconocemos)

Yo,
que nunca he visto un cuerpo inanimado
me visto de flores marchitas
para acordarme de la muerte.
*

Ella no me ama a mí.
Ella ama mi palabra, mi juego.
Poeta nacida de vientre judío.
Juego con una religión desconocida,
le digo en idish cosas que no entiendo
en castellano.
Lo que sea por otra noche en sus brazos.
Lo que sea por otro beso en mis pálidos labios.
-¿Querés palabras?- le dije.
Jamás se detuvo en las palabras que no podrían
nunca bucear por su sexo
como lo hace mi física lengua.
-¡Más poemas pequeña!, ¡Más poemas!-
me exigía cada noche al dormirse en mis brazos
-O se ama o se escribe.
Amor y literatura no deben tocarse-
Ella sabe y no le importa.

Poeta nacida de vientre judío.
Le invento palabras
En todos los colores, sabores y posibles conjugaciones.
Juego con la facilidad del lenguaje
en mi lengua.
(siento el jugo derramándose en mi boca,
desde mi lengua poética hasta mi física lengua)

-Si querés un buen poema no me ames-
Ella sabe y no le importa.

Y digo:
¿me ama? y digo quién sabe, y quién sabe qué.
Y digo: ¡no me ama!
Y digo: ¡es hermosa!
Me salgo de ella.
Me olvido de amarla.
Y … ahhhhhhhhh
suspiro mediante
comienzo el poema
que diré esta noche.
*

Los dioses ya no amparan mi caída.
Los días cálidos de enero
se han trasladado
a otras costas de espuma.
(cae el sol)

Otras muertes nos aguardan.
Ya no las alegres muertes de la infancia
-La hormiga aplastada por el juego-
Espinas caen en Rilke
y amenazada por el tétanos, la rosa.
               (cae el sol)
-La hormiga aplastada por el juego-

Entraremos a la muerte
como vinimos a la vida,
por entre las piernas de algún demiurgo.
 *

Podríamos refugiarnos en la espera.
Ya no habrá alas de ángel
ni de pájaro herido en la torre más alta.
Ya no cobijaré mis lastimados labios
en la sal de colosales mares.
Ha caído toda sublime creencia,
aún la de los muertos.

Podríamos refugiarnos en la espera.
Nos vestiremos de gala
para mirar al cielo.
Recogeremos el pequeño motín de sensación.
Lo cuidaremos hasta el alba.

-Son hermosos los trofeos
que la espera me ha revelado.-
 *
  
Para acunar a la hija que no tuve
te escribí palabras
te suspiré un verso
te llamé a gritos,

para acunar a tu niña
para buscar mi infancia
te quebré las piernas y abrí tus venas

Estás ahí, lo sé,
escucho cómo llamas con campanas
de adiós a la niñez
mientras sigo soplando panaderos

—Poesía,
pides un costo demasiado alto.
 *

Me absuelvo de culpas, a saber:
no cumplir las promesas
no cortar el cordón umbilical
ni el césped
no amarte como merecías
llorar mucho, demasiado quizás
masticar las palabras
tragarlas hasta que me trabaran la lengua,
ser trabalenguas en tu boca

-perdono al gato hambriento
que comió una paloma.
*

Yo quiero ser al jazmín
lo que del amarillo queda
guardado en un libro.
Déjame ser recuerdo,
quiero la libertad agazapada
del cáliz de rocío.

Busco a tientas la sombra en la claridad.
Nada lleva tu nombre.

Hago la simpleza de la rosa
al  caer del rocío:
me abro en mil partes
y sangro.
Desmesurada
me rompo
al igual que la flor
con el viento.

-Te ofrendo esta rosa,

déjala  devorar tu grito.
*

Si se pudiera pedir el sol como se pide un café.

Desayuno a solas con el tiempo
(implacable el tiempo, a la hora de respirar)

Te digo palabras para que dejes de creer en mí:
digo abejita succionando una flor,
luna en tu sombra,
agua que te quema,
digo canción.

Te entregaría mi sangre a cambio de tus miedos.

-A veces el amor
no es asunto de los muertos.
*





Catalina Boccardo


CATALINA BOCCARDO


Argentina, 1961. Publicó «el jardín santo» (Ed. en Danza, 2011), y «territorios», (ed. Del Dock, 2012).
Participó con su microrrelato «Sangrar» en un libro objeto (4ºEd.), Foro de ediciones contemporáneas del Museo de Arte Carrillo Gil; (c)acto ed., México, 2012. En 2013 publicó «elementos», «mangos» y «bailar» (cuadernos de la Mariposa y la Iguana). Su poesía también aparece en blogs del país y el exterior, en fanzines, revistas y en las antologías: Gente de Lunes y Festival en la Escuela.
Invitada como poeta y abogada, por la S.E.A. en la 38º Feria Internacional del Libro, en la mesa «Femicidio. Asesinadas por amor», 2012
Incursiona en el collage y la fotografía artística, y ha participado de muestras colectivas y en unamuestra individual en el Centro Cultural Oliverio Girando. Muchas de sus fotografías se encuentran en varios blogs y revistas digitales. Realizó el arte de tapa de diversos libros. Fue mención de Honor en el Concurso Internacional de Fotografía Erótica, 2014, convocado por Club fotográfico Lanús y Te mataré Ramirez.
Tiene en preparación la serie de cuadernos de fotografías «Aguas».
Fotografías suyas aparecen en: http://www.pinterest.com/catalinaboccard/ y «A destiempo la nada» en Facebook.



FIGURA UNO


las mujeres tienen sus piernas rotas
o se les cae un ojo y nacen flores diminutas


yo construí esas ideas
mis propios ojos suelen ser trampa
metal de la tijera

quién desea
una clave
en el fondo
quién puede humanamente astillar papel


reconfigurar aristas
matarse el centro


la física

desaparición por el corte
*



mangos


                                                                                 Esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta
                                                                                         en otro cielo en otro infierno
                                                                                                        ENRIQUE MOLINA
cielo en otro infiernoesos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro
cielo en otro infierno


1
una jauría de perros apareció mientras recogías mangos del huerto. y esa posibilidad de sufrir bajo los dientes.  el paso rápido algunos frutos entre las manos hasta la casa vieja.
más tarde enviaste imágenes, mangos en un plato, cubiertos con chile, a punto de mordida.
tu boca, pensé. tu lengua aún en tu país, sin los templados reclamos de la distancia.
sea torridez, pensé.

2
el poblado más cercano está a unos kilómetros.
quizá regresés a ese lugar a escarbar los recuerdos de la tierra. me explicás, filósofo niño. buscás el sentido de la vida  con tus manos tus ojos. pasado y presente de soledad, de quietud extraña, no deambulan máquinas que quitan el tiempo.
comienzo a desear la propiedad de tus observaciones.
allí, existe. ha existido antes de nosotros. seguirá el camino de los vivos y los muertos después. fenecerá su cáscara intacta. huesos que busca tu antropología. viejas cerámicas de aquellas muchachas del yucatán.
allí, la huerta de siembras fuertes. los cuerpos piden y se fagocitan. se hacen el sexo con gruñidos de jabalíes. repiten las generaciones. rituales del mundo ya perdido.
a destiempo. estas coordenadas atemporales.
mis criaturas sueltan el polvo de sus bocas. salen a pastar alrededor. voltean su cabeza para observarte caminando hacia la casa. en el frente hay una sillón donde tu abuela se mece, casi ciega. la del pelo en lluvia. sus huaraches y la mantilla. de la que siempre hablarás.
arrojás los frutos sobre la mesa. vas a buscar algo dentro. mirás desde lejos pensando en contarme tus sabores. yo espero desde mis papilas. soy ese animal que te comparte.
cuándo viajaré humana. tocar esa pelambre. y las hojas de agua verterás. hervíboros.

3
nadie me había enseñado que la distancia es nada.
puede absorber el aire dentro de los pulmones. flota en las células. o puede ser un protón moviendo la materia.
dentro de esa pequeña gran nada tenemos sexo.
de algún modo.
bajamos los párpados para no voltear pupilas al día porque allí no estaremos.
fuga de los perros sin dueño.
vos caés. la grieta. el hueco. el pozo volcánico.
traspasa la obsidiana. las piedras culturales.
juntos huimos arrancamos el sabor eléctrico de los mangos. trituramos palabras cartas damos de comer.
y quisieras otra cosa. un elemento para cavar. introducirte. buscar la minería. la fuerza de gravedad.
recibo tu peso. el lazo crudo en mi cuello. me domestico bajo tus piernas. presiento  temporalidad. los pasos acompasándose. después.

4
tu pregunta es un grito. atraviesa la huerta.
gritar a los demás que escapamos. no sé si sea el peligro de mordeduras hambrientas.
la tarde se resbala en el barro. los estertores…
¿soy yo? ¿por qué yo?
el amor desconcierta.  impide pensar correctamente.
es un estado salvaje.
me recluyo entre los frutos que paladeás. la pulpa de tus brazos. estamos atravesados. insertos.
has dicho tanto.

5
ahora savia dulce. chorreás.
te encanta comer mangos helados con chile. el verano.
yo soy templada. no heredé la sangre caliente de los perros. no es mi genética. pero quiero cambiar.
necesito comer lo que vos comés. y el temblor del hielo deshaciéndose, el rechinar de tus dientes cuando reís. necesito comprender tu naturaleza.
o una especie de dominación.

6
planificás mi búsqueda.
estás decidido a probar equinoccios opuestos. cómo aman los seres diferentes.
tengo la epidermis de las blancas. olor de los vegetales que esparzo. te parezco, en esta frialdad, bella.
buscás. las caderas a la intemperie. los senos llenos de fibras, de vos hacia el pezón. un extremo que succiona arde y contraría.
entonces la distancia, conversión de la nada.
contra la madera los fuegos del invierno. los alcoholes. su lucha para no morir.
tiempo, un objeto inservible que abandonamos.
decidimos salvar las sombras. corregir la elipsis.